La refacción

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Imagen tomada por nuestra articulista Gabriela Read durante su viaje a San Pedro La Laguna, Guatemala.

Ayer leía un texto de John Berger donde mencionaban la refracción, ese fenómeno de la luz. Esa palabra me llevó a otra que conocí hace 8 años: refacción. Fue en mi primer viaje fuera de la isla, en San Juan La Laguna, Guatemala. Yo me quedaba con una familia tzutujil, y Elena, la madre, preparaba pequeños tamalitos para vender en la escuela durante el recreo. Le llamaban refacciones. Me costó mucho aprender esa palabra y de hecho la olvidé hasta ayer, cuando leía a John Berger. Pero Berger no hablaba en ese texto de la vida en el campo (como en Puerca Tierra, ese libro que no me canso de recordar). El libro al que me refiero se llama El tamaño de una bolsa y empieza narrando cómo una golondrina que atravesó su habitación le recordó las fotografías de Pentti Sammallahti, y luego hablaba de algo que había descubierto en el trabajo de ese fotógrafo: su capacidad de capturar con el lente los intersticios que se esconden en el orden de lo visible. Así que el texto de Berger no era en realidad sobre Sammallahti, sino sobre ese orden. Y en última instancia, era sobre la vida misma.

“En la vida diaria realizamos un intercambio constante con la inmensa serie de apariencias que nos rodean: a veces son muy conocidas, a veces son inesperadas y nuevas, pero siempre nos confirman nuestras vidas. Y, aunque sean inquietantes, no dejan de hacerlo: la visión de una casa en llamas, por ejemplo, o la de un hombre con un cuchillo entre los dientes, no deja de recordarnos (perentoriamente) nuestra vida y su importancia. Lo que vemos habitualmente nos confirma”.

El arte, plantea Berger, puede ponernos de frente a esos intersticios. Yo creo que también pueden hacerlo las palabras. Y anoche esa palabra, refacción, a mí me llevó de regreso al lago Atitlán. He vuelto a ver a Elena y sus afanes, y he regresado a interpretar nuevamente su silencio y a darme cuenta de que no era un silencio triste, sino un silencio tímido. Desde aquí le sonrío y le abrazo.  

(San Pedro La Laguna)