Placeres de mi patio

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Imagen tomada por Gabriela Read.

Domingo: Salir al patio, después de la lluvia, y ver que del cielo ha caído un aguacate. Un magnífico aguacate. Ese «manjar de dioses», «como le llamaban los epicúreos de la época» (siglo XVII), según recoge Tolentino Dipp en su libro.

Lunes: Desayuno con mangos banilejos del patio de mi casa de la capital. Pienso en la décima de Juan Antonio Alix: «Dice don Martín Garata / que le gusta mucho el mango / porque es una fruta grata». Y ni siquiera tuve el disgusto de tener que treparme en la mata: los encontré en el suelo.

Martes: Detenerme la puerta de la casa y respirar profundo. Ha caído una naranja al piso que me recuerda mi deseo de tener, algún día, un naranjal en el patio de una tierra que compraré en el Sur, si los astros se configuran y me hacen un poco rica. A lo mejor en Azua, pues de acuerdo al testimonio de un historiador francés recogido por Tolentino Dipp, las de Azua son «…las más hermosas naranjas y con gusto tan azucarado que no dejan sentir absolutamente ningún sabor acidulado».

“Fruta grata”, “manjar de dioses”, “hermosas naranjas”. Frutos de buen comer. Pequeños placeres que me regala mi patio.