De profesión: escritora

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El otro día perdí mi cédula y fui a la Junta Central Electoral a sacar un duplicado. Como esta pone que soy estudiante, solo por joder un poco decidí cambiar de profesión y poner algo algo que no pudiera ser demostrado con un título. Así que le pedí que me pusiera “Escritora”.

La chica que me atendió estaba muy desconcertada. “¿Escritora? ¿Qué escribes?”, me dijo.

“Cualquier cosa, lo que me pidan que escriba”, le contesté.

“¿De eso vives?”

“Pues sí, eso hago, escribo cosas y me pagan por eso”.

“¿Y dónde se estudia eso?”

“No se estudia, no”, le dije. “Para eso no te dan título”.

Logré convencerla, aunque ella no estaba segura de que esa profesión estuviera en el listado de las cosas que reconoce la JCE como un modo digno de ganarse la vida.

Así que me envió a la segunda casilla, la definitiva, la que se encarga de consagrar tu profesión.  

En esos dos metros de distancia entre la una y la otra, iba yo pensando pensando que en mi caso consagraría mi risa, porque si de algo estaba segura es que si lograba ponerme escritora en el carnet de identidad iba a reírme de esa broma toda la vida.