La cuesta de la calle Hostos 

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Sigo pensando en la cuesta de la Hostos. Esta calle me ha traído un montón de cosas a la cabeza. Por ejemplo: que tenía muchos años buscando el libro “Por qué Santo Domingo es así”, del arquitecto José Ramón Báez López-Penha, y lo conseguí, por fin, gracias a @naveganteurbano, que me advirtió “cuídamelo, es muela de gallo ese libro”, porque claro, es prestado, pero se trata de un gran préstamo. Y si lo recuerdo es porque en una de sus páginas encontré referencias a las cuestas de la Zona Colonial, las cuales siempre llamaron mi atención.

Me dio mucho placer conocer el diseño de las calles de la parte Norte de Zona Colonial, tan distinto a la parte Sur. El origen de las escalinatas. Reconocer en ellas un diseño inteligente y los esfuerzos de su artífice porque el esfuerzo del peatón fuera menos arduo. En un párrafo López-Penha reflexiona:

“Con toda seguridad han sido muchos los peatones que han utilizado estas aceras sin percatarse de la manera inteligente de la solución, por lo que debemos conservarlas ya que no se trata de soluciones corrientes”. 

Es verdad. Y yo que solo echo pestes cuanto me toca subirla. No volveré a hacerlo con el placer de quien se ejercita, porque ese placer lo desconozco, pero sí con el placer de quien ha leído en un libro la razón de ser de las calles que recorre.

Entonces, buscando una imagen adecuada para este post, recordé otra cosa: una escena de El Padrino en la cuesta de la Hostos (no me explico por qué no se visualizan las ruinas de San Francisco, por cierto). Y pensando en porqué nunca he visto esta película, me fui todavía más atrás, a mi infancia. Porque lo más cerca que estuve de ver El Padrino no fue cuando mi madre veía la trilogía en televisión, sino cuando saliendo de la biblioteca de la escuela, donde solía ir por las tardes, en el librero junto a la puerta aguardaba siempre esa novela gruesísima que no me atreví a leer y que hoy tengo como materia pendiente: novela+película. Y cuando me atreva no estará la profesora corrigiéndome todo el tiempo que saque los codos fuera de la mesa.