Diatriba contra el café

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El ser humano es contradictorio por naturaleza. Yo la primera. La gente más cercana sabe que odio el café con todas mis fuerzas. Que detesto el olor hasta el punto de sentir que me asfixia y que mi cuerpo rechaza su sabor hasta las náuseas.

Pues esta mujer que odia el café con todas sus fuerzas y que más que odiar el café, odia la celebración del café y sus diminutivos cariñosos (“ay, mi cafecito”, “mi negrito”), o la hiperbolización del placer de tomarlo (“no puedo vivir sin mi café”, “primero mi café”, etc.) emprendió un pequeño proyecto  de tazas de café hace unos meses(@ficcionesparallevar).

No son tazas cualquiera. Están ilustradas con escritores/as y se acompañan de escenas que acontecen alrededor de una taza de café. Escenas de todo tipo: desde la desolación hasta la esperanza, desde la expectativa por el porvenir hasta el momento de encontrarse con la muerte. Desde el goce que proporcionan los libros y el café hasta el absurdo de la vida.

Nunca entenderé la celebración del café. Nunca. Y no intenten explicármelo, por favor. No veo por qué el café es mejor que un jugo de naranja. Lo que no me convierte en una odiosa, solo en una persona que no logra entender.

Y sin embargo, de vez en cuando, cual si fuera una medicina, me lo tomo. En esos momentos siempre recuerdo a un personaje de Guillermo Cabrera Infante que NO se quería tomar un café… así que se tomó tres. Lo que me lleva a pensar en mis propias contradicciones.

“Caminé por toda Infanta y llegando a la calle 23 me encontré con un vendedor de café ambulante que anda siempre por allí y me propuso una taza y le dije, No gracias tengo que manejar y en realidad era que no quería tomar café porque quería seguir borracho y caminar borracho y vivir borracho que es como decir borrado. Y como no quería una me tomé tres tazas de café y me puse a hablar con el cafetero […]”. TRES TRISTES TIGRES. G.C. Infante. 

En esta foto de @juanpablocuba no finjo que me tomo un café, no. Finjo que me guarezco de la lluvia y que casualmente mi tacita de Cortázar estaba ahí.

 

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