Tránsito y trasiego

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Ayer fui a la librería por un libro y salí con tres. Uno de ellos trae un capítulo que se titula “Hopper en París”, lo cual me convenció de comprarlo, a pesar de que era el más caro y a pesar de que NO FUI POR ESE LIBRO. Al hojearlo, di con una línea que fue decisoria y que de alguna manera ponía en palabras lo que yo todavía no había logrado expresar acerca del impacto que tiene en mí la pintura de Edward Hopper. Dice que Hopper trata de retener en sus pinturas aquello que no permanece, por ejemplo, el rayo de sol que ilumina a una mujer a través de la ventana (como en Morning Sun), lugares de tránsito y trasiego. Un pintor embriagado de serenidad y obstinación, señala. Yo, que a menudo voy tras esas cosas: historias mínimas, el rayo de sol de las cuatro de la tarde en una vieja oficina, el árbol que crece espontáneamente en un balcón de la zona colonial, las argollas para amarrar caballos de hace dos siglos, solo perceptible para el ojo atento; una columna olvidada en el malecón… puedo reconocer ese sentimiento (mi propio sentimiento) en la pintura de Hopper. Llegué a casa exultante, convencida de mi buena compra.

La felicidad clandestina que te da el bolsillo roto, cuando sabes que has cometido un pecado financiero. Pero qué más da. Ya casi es Navidad. “Motivo de desenfrenadas orgías para la industria y el comercio…”, dice Herman Hesse. Mes de alegrías poco profundas, digo yo, que ahora tengo la mía, y tiene peso, y volumen y ocupa buena parte de mi corazón de lectora y apenas un pequeño espacio en mi librero.

Video: Trailer de “Shirley: visions of reality”, una película basada en 13 pinturas de Hopper.

El libro del que hablo se llama “Álbum errante”, de Ramon Dachs

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