¿Intentarlo o callar? Es una pregunta que a veces navega por nuestra cabeza de forma vaga y, en otras ocasiones, de manera constante. La decisión puede cambiar drásticamente nuestra vida. No se trata solo de lo que eliges un día; se trata de una actitud ante la vida que se construye a partir de acciones acumuladas y que, con el tiempo, terminan definiendo tu destino.
A lo largo de mi vida laboral he conocido brillantes profesionales, magísteres formados dentro y fuera del país, en universidades de clase mundial. Perfiles admirables, con trayectorias sólidas y conocimientos que no tienen nada que envidiar a nadie. Personas que, en teoría, no encajarían con alguien que sufre miedo escénico.
Sin embargo, con demasiada frecuencia he visto cómo otros más “atrevidos” capitalizan sus ideas y se llevan el mérito de su trabajo. Mientras tanto, quienes dudan pierden visibilidad y la oportunidad de posicionarse como referentes, simplemente por temor a alzar la voz.
El miedo escénico no aparece de la noche a la mañana. Muchas veces viene arrastrado desde etapas tempranas de nuestra formación: experiencias escolares, inseguridades no trabajadas o entornos poco estimulantes. Por eso, quiero compartir tres recomendaciones dirigidas especialmente a jóvenes universitarios que puedan estar atravesando una situación similar y deseen construir una vida profesional más plena y visible.
1. Procura estar preparado
La preparación es tu mejor aliada. Podemos equivocarnos o expresar ideas que no siempre agraden a todos, pero si nuestros puntos de vista están bien argumentados, tendrán valor. Investigar, leer y dominar el tema fortalece la confianza y reduce la ansiedad al momento de hablar. Con la IA podemos tener acceso a mucha información, mucho más rápido, piensa en ella como una aliada para prepararte mejor, leer más, y construir argumentos más sólidos.
2. Son tus ideas, defiéndelas
Si no crees en tus propias ideas, difícilmente otros lo harán. Defenderlas no significa imponerlas, sino exponerlas con claridad y convicción. Tu voz tiene peso. Tus aportes suman. No permitas que el silencio les entregue tu trabajo a otros.
3. Aprende de los errores
Hablar en público implica riesgo. Puede que no todo salga perfecto, pero cada experiencia es una oportunidad de aprendizaje. El error no te define; te forma. Con el tiempo, lo que hoy genera nervios puede convertirse en una de tus mayores fortalezas. La universidad es la mejor oportunidad para cometer estos errores porque debe ser un lugar seguro para el aprendizaje.
Finalmente, trata de tomar tiempo para explorar herramientas que te ayuden a prepararte mejor: cursos de oratoria en línea, talleres de comunicación, espacios de debate, retos personales; existen hasta aplicaciones gratis para practicar oratoria y narrativa argumentativa, no hay excusas para salir de tu zona de confort. No pierdas oportunidades por miedo.
El mundo profesional suele pertenecer a quienes se atreven. ¿Quieres ser parte de este grupo?
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