Investigadores encontraron en chimpancés una fascinación similar a la que se atribuye a los antepasados de la especie humana
Parece ser, a juzgar por un estudio reciente, que la fascinación de algunas personas por las piedras preciosas, en especial las cristalinas, no responde solo al mero interés por el lujo y lo que convencionalmente se considera caro y exclusivo. El deliete por los cristales lo llevamos en los genes y nos viene desde los antepasados del homosapiens.
Hace cientos de miles de años, nuestros antepasados homínidos ya recolectaban cristales y coleccionaban esas piedras aunque no les encontraran ningún tipo de utilidad práctica en la cotidianidad, ha señalado un equipo del Donostia International Physics Center (DIPC), un centro de investigación del País Vasco.
Curiosos ante ese interés que persiste milenio tras milenio, los estudiosos llevaron a cabo una serie de experimentos con chimpancés endoculturados, al ser la especie más próxima genéticamente a la familia Homidae.
Pudieron demostrar que los chimpancés se sienten atraídos por la transparencia y la forma de los cristales y son capaces de distinguirlos rápidamente de rocas normales con tamaños similares.
“Este hallazgo podría explicar por qué los objetos con propiedades similares a las de los cristales han atraído a nuestros antepasados durante casi 800,000 años y por qué continúan despertando nuestro interés hoy en día”, indica el informe, publicado en la revista Frontiers in Psychology.

La experimentación utilizó a chimpancés rescatados del tráfico ilegal, la explotación y el abandono, protegidos por la Fundación Chimpatía.
Los investigadores proporcionaron cristales a dos grupos de primates, que la publicación identifica por sus nombres. El primero estaba compuesto por los chimpancés Manuela, Guillermo, Yvan, Yaki y Toti, mientras que en el segundo se encontraban Gombe, Lulú, Pascual y Sandy.
“El primer experimento consistió en colocar un cristal grande —el monolito— sobre una plataforma, junto con una roca común de tamaño similar. Aunque al principio ambos objetos llamaron la atención de los chimpancés, pronto se decantaron por el cristal y dejaron de lado la roca”, detalla el reporte.
Agrega que todos los chimpancés inspeccionaron el cristal, girándolo e inclinándolo para poder observarlo desde diferentes ángulos. A continuación, Yvan cogió el cristal y lo llevó con determinación a los dormitorios donde lo exploró más detenidamente.
“Demostramos que los chimpancés endoculturados no sólo se sienten atraídos por los cristales sino que también tienen la capacidad de distinguirlos claramente de otras piedras con características similares”, sostiene el autor principal del artículo, el profesor Juan Manuel García-Ruiz.
“Fue una grata sorpresa descubrir lo fuerte y aparentemente natural que era la atracción de los chimpancés por los cristales, lo que sugiere que la sensibilidad hacia este tipo de objetos puede tener profundas raíces evolutivas”, agregó.
El ejercicio se complicó cuando el personal cuidador intentó recuperar el cristal, pues los chimpancés se resistieron a entregarlo. Tuvieron que entrar en una especie de negociación con los inquietos animales y cambiárselo por sus aperitivos favoritos, como plátanos y yogur.
Un segundo experimento puso de manifiesto que los chimpancés podían identificar y seleccionar en cuestión de segundos cristales de cuarzo y calcita más pequeños (algunos transparentes y otros no), de tamaño similar a los recogidos por los homínidos hace 780 000 años, de entre una pila de 20 guijarros redondeados con diferentes colores y texturas.
“Los primeros resultados fueron muy informativos e interesantes, sobre todo en el momento en que Yvan escogió un cristal de cuarzo entre los guijarros para observar detenidamente su transparencia, al igual que hicieron otros chimpancés frente a la luz de la ventana del dormitorio o tumbados cómodamente en sus literas. Estaban fascinados con esa propiedad”, explica García-Ruiz.
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