SANTO DOMINGO (RD).-Ana Bélgica Güichardo aseguró que “la ciudadanía necesita el trabajo de los periodistas éticos, no importa por qué red social o medio se comunique”.
Güichardo, catedrática e investigadora universitaria, expuso la noche del viernes en el conversatorio “Comunicación, Democracia y Ciudadanía”, organizado por Signis RD (Asociación Católica para la Comunicación), en la sede de la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD). En el encuentro tuvieron una intervención además Naivi Frías y Edith Febles.
La expositora sostuvo que el periodista debe resistirse al miedo y siempre tendrá que estar dispuesto a “plantar sus banderas en defensa de la justicia”.
A continuación la reflexión de Güichardo:
En el contexto actual hablaremos de dos cosmovisiones
-El paradigma de Lasswell, con la aguja hipodérmica. En este aspecto la concentración de los medios en pocas manos, que son las dueñas de los medios de producción, y que instauran contenidos a través de sus medios .
-La visión de una tendencia que se da a través de herramientas de comunicación diversas, de que la comunicación se ejerce entre perceptores donde todos tenemos oportunidad de crear contenidos y de llegar a influir en las masas.
En el siglo pasado un señor llamado Harold Laswell describió el hecho comunicativo con una serie de preguntas muy simples ¿Quién dice? ¿Qué dice? ¿Por dónde lo dice? ¿Con qué efecto? Las diferentes respuestas que obtuvo, y el análisis de esas respuestas, le permitió formular un paradigma de cómo funciona la comunicación social y, lo que es más importante, cómo se puede moldear la opinión pública.
De este esquema o paradigma se desprende la famosa teoría de la aguja hipodérmica, en referencia a cómo los medios de comunicación inoculan, inyectan en el público, a través de diferentes canales, periódicos, revistas, televisión, carteles y otros medios, la información seleccionada, datos, enfoques, que se convierten con el paso del tiempo, y con la repetición, en ideas-fuerza que legitiman determinados principios y desechan otros, que pueden incluso convertir determinados mitos, a través de un enfoque pseudocientífico, en conceptos asumidos por el público como verdaderos; el mejor ejemplo de esto es el mito de los ovnis y los visitantes extraterrestres, convertido, en medio de las dictaduras latinoamericanas, en pseudociencia. En Perú cada vez que iba a aumentar el dólar Fujimori hacía llorar una virgen…
El paradigma de Laswell no es una propuesta de gestión de los medios; es apenas una explicación de cómo funcionan en un momento histórico determinado y cómo pueden generar corrientes de opinión a favor de una idea, de un producto, de una serie de valores morales, por ejemplo, y cómo pueden convertir en enemigo de la sociedad a un sector, a un personaje determinado. Si a esta enorme y temible capacidad de los medios de comunicación le sumamos el proceso de concentración de empresas multinacionacionales en los últimos cincuenta años, nos encontramos con una realidad que se nos presenta desde una óptica sesgada, teñida de intereses y adaptada a enfoques ideológicos perfectamente definidos, que legitiman ideas fuerza y quitan legitimidad a otras. En nuestros días, la aguja hipodérmica funciona con envidiable buena salud; basta asomarnos a páginas de internet que ponen en primera plana los escotes, las transparencias, las piernas de las actrices más famosas, mientras problemas más graves, como el calentamiento global y la contaminación ambiental son el problema de unos cuantos exaltados que atentan contra el progreso industrial. Y esto es solo un ejemplo de un panorama mucho más extenso y complejo.
La industria de la comunicación en ese paradigma de Laswell coincidió con el modelo industrial en el que la fábrica o factoría elaboraba productos que eran vendidos al público consumidor, el periodista tenía que ir a buscar la noticia, crearla, darle forma y presentarla como producto terminado para unos receptores pasivos, que en ninguno o en muy pocos casos tenían la posibilidad de cuestionar su calidad.
La evolución de las herramientas de comunicación entre los seres humanos han generado un nuevo panorama que ha dejado atrás el concepto de medio-factoría, ahora el comunicador es más bien una especie de explorador-seleccionador de los hechos noticiables que se esparcen por las redes sociales en una verdadera explosión. Este fenómeno no ha hecho retroceder la concentración de los medios, sino que los ha convertido en los referentes generales de la comunicación de masas. Los que tenemos contacto con los periodistas, redactores y editores de páginas web, asistimos azorados a los procesos de copy-paste de noticias de esos periódicos por parte de páginas web gestionadas a veces por una sola persona, en una evidente labor de plagio, que es condenable desde todo punto de vista.
Sin embargo, al comunicador ético que convive con esta experiencia cotidiana, este nuevo orden, que ya había sido pronosticado por McBride en su famoso informe “Voces Múltiples, Un Solo Mundo” de 1980, este nuevo cuadro de situación de la comunicación de masas le brinda también una serie de herramientas que, con creatividad y compromiso cristiano, es decir compromiso con los pobres, con los marginados, con los invisibilizados por los medios, le permite hacer visibles la desigualdad, la exclusión y la injusticia, y le permite también gestionar un tipo de comunicación en la que los receptores dejan atrás su papel pasivo para convertirse en partícipes del hecho comunicativo, ya no son meros receptores sino que perciben la información con una visión crítica, lo que los convierte en interlocutores, y esa situación les brinda a su vez la posibilidad de crear sus propios contenidos y llegar a las masas con propuestas diferentes, enfocadas ya no en los intereses de la élite dominante, sino en los verdaderos intereses que alientan una transformación social concreta.
No se trata de plantearse una competencia contra las poderosas cadenas, ni de negar la influencia de los grandes medios, se trata de construir desde abajo, desde las comunidades, desde los grupos estudiantiles, desde donde está el verdadero pueblo de Dios, un tipo de gestión de la información que permita reflexionar sobre el papel del cristiano en la sociedad política, sobre el compromiso propio a través del hermano que sufre y que espera por la inclusión social de los más débiles.
Esto no es retórica, más aún hay evidencias de que es perfectamente rentable ser honestos, si nos situamos desde la perspectiva del capitalismo salvaje en el que tenemos que vivir. Muchos ejemplos sobresalen por encima del mercado que constituyen hoy los medios.
La ciudadanía necesita el trabajo de los periodistas éticos, no importa por qué red social o medio se comunique, que no tengan miedo de plantar sus banderas en defensa de la justicia. Son ellos y ellas quienes brillan por encima de toda la confusión y de toda la maraña informativa de la que somos testigos.
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