Expectativas vs. realidad: tres aprendizajes esenciales para el éxito profesional

Por Julia Ramírez:

Tenía apenas 16 años cuando la vida me enfrentó a un reto que marcaría profundamente mi desarrollo profesional: elegir una carrera universitaria.

Era buena en casi todo lo que me proponía, excepto en los deportes. En eso, sinceramente, era un desastre. Con esa percepción y con muy poca información, me decanté por el área en la que sentía que era más débil: las humanidades. Mirándolo en retrospectiva, la opción más sincera quizá habría sido una ciencia pura. Pero en ese momento no lo vi así.

Error uno: la utopía universitaria

Elegí Comunicación movida por una expectativa idealizada de la universidad. Creía que la academia te preparaba de forma absoluta para el mercado laboral. Me imaginaba saliendo con el título “caliente bajo el brazo” y accediendo casi de inmediato a un puesto gerencial. Veía la universidad como hoy vemos algunos anuncios publicitarios: estudiantes viajando por el mundo, graduándose no solo con un título, sino con negocios rentables y la vida casi resuelta.

No quiero que se malinterprete: mi vida universitaria no fue mala. Fue una etapa valiosa y formativa. Sin embargo, sí fue menos práctica de lo que yo había imaginado.

Apenas al primer año de carrera entendí algo fundamental: la experiencia real no estaba en las aulas, sino en “la calle”. Y decidí salir a buscarla. Ahí cometí mi segundo gran error.

Error dos: idealizar a la profesión

Pensé —con bastante ingenuidad— que todas las personas en mi carrera, especialmente los periodistas, eran éticas y buenos profesionales. Tardé poco en descubrir que el ejercicio de una profesión de servicios, como el periodismo, no nos hace automáticamente personas serviciales para la sociedad. 

Con el tiempo comprendí que en el trabajo cargamos lo que somos como seres humanos, con todos nuestros matices. Encontré gente brillante y generosa, dispuesta a enseñar con amor; pero también personas que solo buscaban aprovecharse de la inexperiencia ajena.

De esa etapa me llevé uno de los aprendizajes más importantes de mi vida profesional: la ética y la constancia no son opcionales; son esenciales para cualquier desarrollo profesional sostenible.

Error tres: el miedo a lanzarme

Durante mucho tiempo tuve miedo de atreverme. No me lanzaba a hacer ciertas cosas por temor a que no me salieran bien, a no estar “lista” o a no hacerlo de manera perfecta. Sin darme cuenta, seguía enfrentando el trabajo como si fuera la universidad: como si cada intento fuera una nota, y cada error una calificación definitiva.

Esa mentalidad me restó oportunidades de aprendizaje. Me hizo postergar decisiones, callar ideas y rechazar retos que, aunque imperfectos, habrían acelerado mi crecimiento. Con los años entendí que el mundo profesional no premia la perfección académica, sino la capacidad de aprender, corregir y avanzar.

Equivocarse no es fallar; es parte del proceso. Y el miedo, cuando no se gestiona, termina siendo uno de los mayores frenos del desarrollo profesional.

Aprender, evolucionar y avanzar

Con el paso del tiempo fui evolucionando. Comprendí que el éxito profesional no es inmediato ni lineal, y que no depende únicamente de un título universitario. Se construye con experiencia, con errores asumidos, con carácter y con la disposición constante a aprender.

Las expectativas poco realistas suelen ser el mayor obstáculo al iniciar una carrera. La realidad, aunque más exigente, es también mucho más formativa. Y es precisamente en ese contraste donde se forjan los profesionales más sólidos.

Te dejo algunas recomendaciones claras para no repetir estos errores:

  1. No idealices la universidad
    La academia es una base, no el destino final. Complementa la formación teórica con experiencias prácticas desde temprano.
  2. Entiende que la ética no viene incluida en el título
    Observa, cuestiona y construye tus propios valores profesionales. La coherencia personal es tan importante como la competencia técnica.
  3. Atrévete antes de sentirte “lista-o”
    El crecimiento ocurre en la acción, no en la espera. Aprenderás más intentando que perfeccionando en silencio.
  4. Acepta el error como parte del proceso
    El trabajo no se califica con notas. Cada error bien gestionado es una inversión en experiencia.
  5. Mantén la constancia por encima del talento
    El talento abre puertas; la disciplina y la ética las mantienen abiertas.

 

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