Afilar cuchillos racistas contra nuestras propias gargantas en tiempos de crisis

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“Ahora se ofenden porque las blancas son superiores. Estas negras africanas si son sensibles”, escribió una mujer dominicana, o de origen dominicano, en su cuenta de Twitter. Y el comentario, que en otros tiempos de menos angustias e incertidumbres hubiera ignorado o “silenciado” por considerarlo parte de las corrientes de prejuicios, groserías, inmadurez y ganas de llamar la atención que abundan en las redes sociales, despertó todas mis alarmas.

¿Por qué? El trino racista se escribió pocos días después de que unos científicos franceses sugirieran utilizar África –África Subsahariana, se entiende– como una especie de laboratorio para experimentar y aprender sobre la evolución y los tratamientos apropiados para el nuevo coronavirus (¿Te suena Tuskegee? Sí, aquel experimento realizado en Estados Unidos, en el que se dejó sin tratamiento a hombres afroamericanos para observar cómo evolucionaba la sífilis, y que se prolongó hasta 1972).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) tuvo que pronunciarse, llamar a capítulo a los científicos franceses y aclarar que África no será campo de experimentos racistas y coloniales. Los científicos, que argumentan que sus palabras fueron mal interpretadas, aunque el video quedó grabado para la historia, se disculparon.

Vivimos tiempos de retrocesos en temas de derechos humanos. Los discursos de odio campean a sus anchas, y presidentes como el estadounidense Donald Trump o el brasileño Jair Bolsonaro promueven ideas y acciones misóginas, clasistas y racistas. Las ideas religiosas más conservadoras también se abren paso, tanto en nuestro país como en el resto del mundo. Algunos científicos, como la neurobióloga francesa Catherine Vidal, han advertido del regreso de viejos prejuicios de superioridad racial y de los hombres sobre las mujeres, amparados en una burda manipulación de las ideas científicas para favorecer a quienes tienen el poder político y económico.

A esto súmale la crisis social, sanitaria y económica a la que nos conduce la pandemia causada por el nuevo coronavirus, y tendrás el cóctel perfecto para la justificación de violaciones a los derechos humanos de las poblaciones más empobrecidas y marginadas. Las personas negras, latinoamericanas, caribeñas, dominicanas, y las mujeres en particular, tenemos muchos boletos para “ganarnos” acciones de discriminación. Muchas ya viven la discriminación cada día.

Entonces, ¿qué pasa por la cabeza de una mujer de origen caribeño y dominicano, además, para utilizar como tema de burla y “troleo” la superioridad de la raza blanca en una red social? Supongo que pasan siglos de pensamiento colonial, endorracismo, misoginia internalizada y una percepción baja y distorsionada del riesgo de sufrir discriminación.

Una vez se asume que un grupo humano está compuesto por no-personas, y pregonar la superioridad de unos seres humanos sobre otros es, precisamente, desconocer que pertenecemos a la misma humanidad, la lista de discriminados tiende a ampliarse, según le convenga al poder.

La “raza” es, a fin de cuentas, una invención social que cambia de país en país, de tiempo en tiempo. ¿Quién es negra? Posiblemente la persona que escribió el comentario no sea considerada negra en la República Dominicana, pero sí en Europa o Estados Unidos.

Y si no es por negra, pues ya sabes, fuera del país puede ser discriminarla por su origen latinoamericano o caribeño, por hablar español en una región anglófona, por ser mujer. En fin, en tiempos de retrocesos en materia de derechos, es fácil ser etiquetada de no-persona o de ser humano de segunda categoría.

Respetar los derechos de los demás es, a fin de cuentas, salvaguardar los propios. Minar los derechos ajenos es afilar cuchillo contra la propia garganta, pero promover el racismo con un apellido que “suena hispano”, si eres mujer y de origen dominicano en los tiempos que corren, revela, francamente, una tendencia autodestructiva o una ignorancia peligrosa sobre cómo se validan los discursos opresores.  ¡Qué fácil es para un racista con poder, o sea no con el poder de escribir un trino, sino de decidir de verdad sobre las vidas de otros y otras, señalar: “ya ven, ya ven, hasta ellos reconocen que somos superiores”!

El comentario que inspiró esta columna surgió a raíz de un debate originado luego de que un joven utilizara, sin su permiso, la foto de una conocida feminista que lleva su pelo afro para indicar que su tipo de cabello “no pegaba” con determinado cepillo. Posteriormente, este hombre se disculpó por la acción racista. Este debate fue recogido por Sancocho y si no lo han leído, les recomiendo que vean este artículo.

Uno de los términos utilizados en esta serie de ataques contra mujeres por feministas, por negras y por “viejas” fue el de “afronazi”. ¿Cuánta alienación, desconocimiento histórico, inmadurez o mala fe puede haber en alguien que llama a una mujer negra que lucha contra el racismo “afronazi”? Ahora imagina que esa persona es dominicana, o sea forma parte de un país en el que la mayoría es negra o mulata (ese viejo y odioso término, pero usémoslo aquí, por ahora).

¿Qué más podemos decirle a la “mujer blanca”?  Pues que debemos dejar de afilar cuchillos racistas contra nuestras propias gargantas y empezar a afinar estrategias de resistencia y luchas por nuestros derechos, porque ya las necesitamos y con un futuro tan incierto tocando a la puerta, seguramente las necesitaremos cada vez más.

Para muestra, un botón: en Nueva York, el 34 % de los fallecidos por coronavirus son hispanos, aunque estos solo representan el 29 % de la población, y el 28 % son afroamericanos, grupo que representa el 22 % de los residentes en la Gran Manzana.

Así que, “bajémosle algo” al “troleo” de nuestros propios riesgos y afrontemos “la realidad real”, donde el racismo no se resuelve con ignorar o “silenciar” un trino. En esa realidad no virtual, en vez de “troleo”, “sonido” memes y tendencias, hay negación de derechos, como empleo, salud y educación.

En la “realidad real” nuestro futuro está en juego, ¿lo vamos a “trolear”? Mejor utilicemos Twitter para promover el antirracismo, es decir para tratar de quitar algunos cuchillos de nuestras gargantas.

 

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