Me siento mar*

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Hace unos años di con el poema “Odio el mar”, de José Martí. Si digo que me impactó solo desde el título estaría quedándome corta. “Odio el mar, solo hermoso cuando gime”, dice su primer verso. Al terminarlo entiendes las razones de quien se expresa tan duramente. “Odio el mar, que sin cólera soporta / sobre su lomo complaciente, el buque / que entre música y flor trae a un tirano”.

Los versos de Martí me recordaron un cuento de Francisco Tario que me fascina: “Un huerto frente al mar”, donde el mar es el protagonista y es odiado por la madre del narrador con la misma intensidad con la que Martí se expresa en el poema. Para ella estuvo cargado de un mal augurio desde que su padre le dijo: “Cuídate del mar y de su gente, te harán entre todos muy infeliz”.

No creo que el odio al mar sea frecuente. Los fragmentos que comparto expresan más bien todo lo contrario: van desde la narración de ese primer encuentro inolvidable con la vasta llanura azul, hasta el reconocimiento de que el mar nos habita tanto como nos contiene.

Me pasa con el mar que me gusta con la misma intensidad con que le temo. Pensaba que ese sentir tan contradictorio era algo inexplicable y exclusivo, pero no. Leyendo el libro de Philip Hoare que cierra su trilogía sobre el mar me encontré con este pasaje:

“Para mí, cada día es una inquietud en mi forma de llegar al mar. Me preocupa que algo pueda impedirme alcanzarlo, o que un día no esté allí, como está y no está, dos veces al día. Me he acostumbrado tanto a él, le tengo tanto miedo y lo amo tanto que, en ocasiones, me parece que solo puedo pensar junto al mar. Es el único lugar donde me siento libre y vivo; no obstante, estoy encadenado a él y un día podría fácilmente arrebatarme la vida, si así lo deseara. Es liberador y transformador, físico y metafísico”.

Hoare cierra su planteamiento con la siguiente frase: “Si no hubiera océanos, ¿tendríamos alma?”

Preparé un podcast dedicado al mar. Una selección de textos, playslist y fragmentos de películas.

 

*“Me siento mar” es un verso de la poeta María Leach.

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