Odile Camilo Vincent, una apasionada de la educación, como estudiante y como maestra

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Odile Camilo, vicerrectora académica de Unibe/ Foto: Alexandra Ramírez

SANTO DOMINGO (R.D.).-Tener una cita con la vicerrectora académica de una universidad configura de inmediato la imagen mental de una señora entrada en edad, cansada y con un aspecto adusto, marcado por el estrés de cuatro décadas de docencia y las frustraciones de la labor educativa. Nada más opuesto en el caso presente.

Al pasar la puerta de la oficina, la bienvenida viene de un rostro fresco y sonriente, que contrasta con la reciedumbre del antiguo y bien conservado inmueble que acoge a su despacho.

Moderna, segura de sí y de un conversar ameno, Odile Camilo Vincent, la vicerrectora académica de la Universidad Iberoamericana (Unibe), conversa con La Uni de sus motivaciones y satisfacciones como ser humano, pero también de su visión sobre el rumbo que debe tomar la educación dominicana, área en la que se muestra debidamente acreditada.

“Lo que deberíamos, y es una tarea pendiente, es ampliar y elevar la calidad de la formación técnico profesional”, comenta al tratar el tema de los retos de la educación superior en el país.

Un vestido casual y un rostro desenfadado ayudan a crear un ambiente distendido para la conversación, en aquella casona que una vez fue la vivienda de uno de los más prolijos intelectuales dominicanos, Manuel Arturo Peña Batlle.

Su entrega en post de sus metas académicas, su vocación por la enseñanza y su fe en la educación como instrumento de desarrollo forjan el perfil de esta alta ejecutiva en una de las más prestigiosas e influyentes universidades del país.

“Yo siempre supe por tradición, incluso familiar, que yo iba a trabajar en educación, pero entendí, incluso muy jovencita, que una base en psicología iba a ser importante para mí”, cuenta sobre su decisión vocacional.

En ese camino de ascenso profesional se encontró con el premio con el reconocimiento como Joven Sobresaliente por la asociación Jaycees 72 República Dominicana en 2008, por entender que representaba un símbolo de valiosa juventud.

Psicóloga, con maestría en currículum y en enseñanza y un doctorado en desarrollo de la educación internacional, ha sabido dar cátedras de esfuerzo personal y disciplina y cuenta que perdió horas de sueño y muchos encuentros familiares, para forjarse la profesional que es hoy.

Sin embargo, predica que se puede vivir en equilibrio y sacar tiempo para todo. Hoy casada y madre de dos hijos, asegura que el tiempo que pasa con su familia constituye su más placentero pasatiempo.

“El ser humano es un ser integral y que tiene que asumir el reto de ser capaz y ahora también que las mujeres trabajamos, saber conjugar los diferentes roles”, expresa Camilo, en una entrevista que concedió en la fase preparatoria de La Uni, en noviembre de 2014 y que permanecía inédita hasta el momento.

Por entender vigentes los temas tratados, y apreciarla como una historia inspiradora, la Uni comparte con sus gentiles lectores este interesante diálogo:

Para llevar tantas responsabilidades como las que implica su cargo, se le ve muy distendida ¿Cómo logra mantener el buen ánimo?

Cuando a uno le gusta lo que hace, y más que sabe que cuando uno educa lo que está es sembrando, pues los retos se asumen con entusiasmo, y en mi caso particular y en esta institución nosotros nos hemos embarcado en un proyecto educativo que nos entusiasma.

Cuando uno concibe un plan de desarrollo para cumplir con una misión que ha sido formulada colectivamente y con miras a cumplir con unos estándares muy altos, recorrer ese camino es un reto motivador porque hay unas metas que uno ha asumido, de echar a andar un proyecto educativo diferente, innovador, relevante, y cada paso, cada día, e incluso, cada reto diferente que se asume nos pone más cerca de alcanzar esa meta, eso es lo que hace que este sea un trabajo que nosotros disfrutamos.

¿Cómo ha sido el camino para llegar hasta aquí? Porque sabemos que su formación base es psicología.

Yo siempre supe por tradición, incluso familiar, que yo iba a trabajar en educación, pero entendí, incluso muy jovencita, que una base en psicología iba a ser importante para mí porque me iba a dar una base sólida, de entender el proceso de aprendizaje de desarrollo,  y siempre vi la psicología como una plataforma sólida para continuar mis estudios en educación.

Y así, lo hice, luego de culminar la licenciatura en el país, en INTEC, viajé a hacer una maestría en educación, hice una maestría en currículum y enseñanza y luego, estando en Nueva York, en la Universidad de Columbia, tuve la oportunidad de hacer un doctorado en desarrollo de la educación internacional, un programa ya más amplio que combinaba desarrollo, educación, economía, políticas públicas…

Y, bueno, fue una etapa muy interesante de formación y de muchas ideas y de mucha ilusión.

Inmediatamente regresé, me integré a la familia Unibe. Yo cumplo 14 años aquí, inicié como coordinadora en la escuela de psicología, una posición interesante, formando jóvenes en tres áreas de la psicología, pero me tocó entrar cuando Unibe iba transitando un proceso de transformación y me tomaron en cuenta para ir asumiendo posiciones ya de mayor liderazgo.

Luego de ser coordinadora de Psicología, pasé a una posición de dirección académica, donde las responsabilidades iban aumentando y me tocaba ayudar al liderazgo de la institución, a definir el rumbo de la universidad. Esa posición la ocupé por unos tres años y cuando el doctor (Julio A.) Castaños Guzmán, que era director de la escuela de medicina, asume la Rectoría, me pide que le acompañe como vicerrectora académica y ya estamos en nuestro tercer período.

Todos estos logros, seguro, implicaron mucho sacrificio en la etapa de estudiante ¿O había tantas habilidades que era fácil cumplir con los requerimientos académicos? Nos imaginamos que siempre implica dejar de hacer cosas.

Claro, y en mi caso yo siempre trabajé desde que inicié los estudios, yo era profesora (en preuniversitario). Efectivamente, combinar el rol de estudiante y también una responsabilidad de trabajo implicaba que no había tiempo para más nada, además una universidad con un sistema de períodos muy cortos, que es muy demandante, o sea, que sí, que fueron unos años intensos, en los que de lunes a viernes había si acaso un ratito para comer.

Pero bueno, es una carrera también retadora, en la que hay que estudiar mucho, que hay que leer mucho, pero igual te digo que yo creo que esa es una actitud que siempre he tenido, en cuanto estudiaba algo que me gustaba. Si me hubiese equivocado de carrera me habría dado más trabajo.

Pero sí fueron años de sacrificio y disciplina porque yo sabía que quería estudiar fuera y tenía muy claro que necesitaba una beca. Entonces eso implicaba que había que mantener un muy buen índice para competir por un espacio y eso conllevaba mantenerme muy enfocada.

Yo estaba muy clara en cuál iba a ser ese camino, quizás demasiado estructurado, ahora que miro para atrás: no perder un solo trimestre, asegurarme de tener mi carga académica y cumplir con ella, no retirar materias, no reprobarlas jamás, porque cualquiera de esas cosas iba a poner en juego mi meta.

¿Eso implicaba amanecidas, dejar de ir de vacaciones con la familia?

En ocasiones sí, un ritmo diferente que el resto de la familia, y sobre todo muchas horas. Yo trabajaba durante el día, iba a la universidad en la noche entonces a las 10:00 de la noche era que había que empezar a estudiar y hacer tareas pero como era profesora y tenía que ir temprano a trabajar en el colegio, tenía pocas horas de sueño.

Me imagino que los amores y las fiestas se vieron sacrificados por un buen tiempo.

Bueno (risas).  Yo creo, y se lo digo a mis estudiantes, yo creo que el ser humano es un ser integral y que tiene que asumir el reto de ser capaz y ahora también que las mujeres trabajamos, saber conjugar los diferentes roles, yo sí sabía que no se podía hacer siempre, pero había que sacar tiempo para eso también, y lo hacíamos.

Hoy, que hay mayor acceso a las becas internacionales de postgrado, se discute si es conveniente tomar de una vez una especialidad o esperar a ejercer y luego buscar la especialización

Yo creo que depende de la disciplina, hay disciplinas en las que incluso un requisito para entrar a la maestría es tener experiencia profesional, hay otras en que no. En psicología, para ejercer como psicólogo clínico hay que tener una maestría y mientras más tú dilatas para entrar, más dilatas tu ejercicio.

Sin embargo, hay maestrías en el área de negocios, en la de derecho, que te van a exigir unos años de experiencia. Yo creo que también ahora las maestrías son también una posibilidad de reenfocar vocaciones.

Hay personas que han culminado una formación de grado y entienden que quizás pudieron incursionar en otra área y la maestría les da la oportunidad de ir por otra vía, sin tener que volver a hacer una carrera completa.

Yo creo que es una decisión muy personal, hay requerimientos institucionales que también ayudan a tomar esa decisión.

Pero también hay un tema que es una realidad, que son las fases en las que uno va estando; incluso en la universidad nos damos cuenta cuando aparecen maestrías y doctorados, ya para personas más adultas y cómo cuando una persona que ha asumido un compromiso laboral y ha formado una familia, ya de repente no es tan fácil irse. P

ara hacer un postgrado en el extranjero, ya por un tema práctico, la juventud y no tener compromisos laborales y familiares, es fundamental.

Pero claro, también hay modalidades que permiten conjugar un trabajo y una familia con una maestría, pero en el extranjero se complica.

En su caso, estudió becada…

Yo tuve la dicha de ser beneficiaria de una beca, de la Organización de Estados Americanos (OEA), luego de la propia universidad; para el doctorado, la universidad también me apoyó en las gestiones.

Quizás influyó en algún momento su vínculo filial con una persona que es un profesional destacado y también político importante del país (Rafael Camilo).

No, los organismos internacionales no conocen a nadie y la universidad mucho menos y estoy muy orgullosa de que lo que he cultivado lo he cultivado con mucho esfuerzo propio.

¿Esa condición de ser más joven que el promedio en un consejo universitario le ha generado algún tipo de obstáculos, de trabas de parte de sus colegas?

En Unibe, esa es la norma, es una institución joven y dinámica, el rector es joven en comparación con sus colegas, y eso es natural.

Pero evidentemente yo empecé a trabajar aquí a los 20 y pico de años y hay algunos padres que se sorprenden, y ya fuera de la institución, todavía, aunque cada vez menos, somos de los más jóvenes.

Sí, a veces genera sorpresa, sin embargo, el desempeño es lo que habla por uno, y cuando se demuestra madurez y formación eso ayuda a disipar.

Al principio, ya no tanto, pero hace 10 años, podía generar un poco de sospecha, pero gracias  a Dios cada quien se ha ido convenciendo.

¿Si hablamos de esos logros, cuáles se pueden citar como principales?

En lo personal, la obtención de un título de doctorado en una universidad prestigiosa es un logro importante.

En lo institucional, con el liderazgo del rector, yo creo que hemos impulsado proyectos que incluso la sociedad y las otras instituciones educativas reconocen que se ha transitado un camino y que hemos ido cosechando algunos triunfos importantes.

La educadora tiene más de 15 años en Unibe./ Foto: Alexandra Ramírez
La educadora tiene más de 15 años en Unibe./ Foto: Alexandra Ramírez

Diseñamos un modelo educativo propio, fuimos una de las primeras instituciones que diseñaron sus propios modelos educativos, de cómo concebía que debía ser el proceso de aprendizaje, diseñar ese modelo, crear un programa de formación para los docentes.

Ese es un gran logro interesante, porque logramos institucionalizar muchas prácticas, que es de lo que adolece nuestro país, en el que tenemos iniciativas interesantes pero aisladas, poco sistematizadas.

Entonces, contar un modelo educativo creado por la universidad es de gran satisfacción porque entendemos que ha cambiado la dinámica del proceso de enseñanza aprendizaje.

Hemos logrado implementar innovaciones, que luego hemos visto que en otras universidades, incluso fuera; programas de emprendimientos, por ejemplo, de no concebir a nuestros jóvenes sólo como futuros empleados sino como empleadores, crear un sistema que permita que eso no sea simplemente una frase sino que de verdad les brindemos oportunidades para ello.

No solamente eso, sino también en la vinculación con la comunidad, hay muchas organizaciones, sobre todo últimamente las que trabajan con personas de necesidades especiales, han logrado ver en Unibe a un aliado.

Emprendemos juntos iniciativas de servicio a la comunidad, que ya son muy orgánicas, son muy naturales en nuestros procesos, contamos con ellos pero esas instituciones saben que cuentan con nosotros también. Eso también le cambia el rostro a la universidad y como institución social nos hace cumplir con nuestro rol.

El último logro institucional en que nos ha tocado participar es impulsar la investigación, era una tarea pendiente para Unibe, un proyecto en construcción pero del que también nos sentimos orgullosos, de que vamos sentando las bases para formar mejores investigadores, hacer más proyectos relevantes, conseguir afiliaciones a instituciones que nos llevan mucho tiempo pero que acceden a caminar con nosotros, a  recorrer ese camino.

¿Cuál debe ser el norte ahora de los programas curriculares de la universidades, cuáles necesidades y tendencias van marcando el paso en ese sentido?

Mira, en términos nacionales, yo entiendo que lo que deberíamos, y es una tarea pendiente, es ampliar y elevar la calidad de la formación técnico profesional. Todas las recomendaciones de políticas públicas, OCDE y todos los organismos internacionales lo que plantean es que nuestro sistema está saturado de formación de grado y, sin embargo, tenemos una necesidad amplísima de formación técnica.

Hay buenas instituciones, pero no suficientes, el ITLA es un excelente ejemplo, debería haber muchos ITLA más; finalmente se logró abrir el instituto comunitario de San Luis, pero ese es uno.

Yo lo tengo muy claro, el principal reto es ampliar la formación técnica. Por cada médico nosotros necesitamos varios técnicos en salud. Nosotros estamos formando muy buenos médicos, pero de ahí hacia abajo, hay una carencia enorme; en las ingenierías, por cada ingeniero de informática tú tienes o personas improvisadas o gente subempleada y eso le cuesta al sistema, le cuesta al país.

Evidentemente también tenemos que fortalecer la investigación, porque la universidad es donde se debe producir el conocimiento.

Pero tu pregunta es sobre curriculum. Ya está claro que no basta con aprender contenidos, la formación tiene que llevar a desarrollar competencias, y eso es fundamental, romper con la práctica de que se va a dictar una cátedra magistral y un estudiante tomar notas y eso se va a depositar en un examen y hacer un cuestionario falso y verdadero, eso está mandado a guardar.

Las universidades están llamadas a desarrollar competencias, las denominadas competencias del siglo 21, el mercado laboral es muy cambiante y nosotros lo que tenemos que formar son profesionales y ciudadanos que puedan aprender solos, que puedan comunicarse efectivamente, que puedan adaptarse a contextos diversos y eso tiene muchas implicaciones; el profesor tiene que concebirse como un ente diferente y la dinámica del proceso de aprendizaje tiene que cambiar radicalmente para que durante la formación se aprenda mucho contenido pero sobre todo se desarrollen muchas competencias, se apliquen muchos valores.

Desde el mercado se critica la educación superior: que hay profesores de bajo nivel formativo, currícula que no se adaptan a las necesidades del mercado… hay una inconformidad con el producto final de las universidades ¿Es tan tétrico el panorama o usted ve algunas luces?

Yo creo que las universidades en general, unas más que otras, han hecho un esfuerzo muy grande por reinventarse, por transformarse y por crear vínculos, trazar puentes entre la empresa y la universidad. A veces uno siente que no son tan fuertes pero en la medida en que se multiplican los espacios de prácticas profesionales, para que los profesionales sean consultados sobre el rediseño, yo creo que sí, que hemos avanzado.

Hay oportunidad, evidentemente, de elevar la calidad en nuestras instituciones, del sistema en general pero yo creo que las universidades están muy concientes de que tienen que cambiar, cada una a su ritmo, porque institucionalmente son  etapas que se llevan, están apegadas y claras de que tiene que transformarse para que sea relevante lo que ofrecen porque cuando deje de ser relevante no se va a acudir a sus aulas.

Y viceversa ¿el mercado satisface las expectativas de los egresados? Pensemos en una persona bien formada, quizá con un buen índice académico, con aspiraciones de una buena posición socio económica ¿existen las plazas y la oferta de remuneración en el mercado para satisfacerla?

Nosotros hacemos seguimiento a egresados y, gracias a Dios, podremos mostrar que sí, que nuestros egresados se colocan en muy buenas posiciones, otros incluso tienen iniciativas; de hecho, algunos las gestan aquí en el programa de emprendimiento.

Pero evidentemente hay unas estadísticas que conocemos, de que en otras áreas, en algunas ciudades más que en otras quizás, pasa eso. De repente hay oferta de educación superior en esa ciudad y no necesariamente están las plazas, por algo de que nuestro país sigue siendo macrocefálico: Está la Capital, Santiago, pero después hay muchas provincias donde no hay inversión, no hay servicios.

Usted tiene experiencia en el área preuniversitaria, ¿Cómo visualiza y cómo completaría esa revolución educativa que promueve el Gobierno, que se ha iniciado con la tanda extendida y la construcción de miles de aulas para la educación pública?

Bueno, está claro, como decía un educador que es muy amigo del país y fue presidente de la Organización de Estados Iberoamericanos, que la calidad de un sistema educativo es equivalente a la calidad de sus docentes, que en la medida en que mejoremos a nuestros docentes, vamos a mejorar la calidad de los aprendizajes de los estudiantes, que a fin de cuentas es de lo que se debe de tratar.

Definitivamente tenemos que asegurarnos de que tenemos un currículum actualizado y relevante, que tenemos docentes muy bien formados.

Yo creo que un reto importante es atraer y retener estudiantes mejor calificados para que sean docentes, o sea que la profesión se haga lo suficientemente atractiva, para que los mejores bachilleres, que es lo que pasa en los países que hoy ocupan los principales ranking, seamos capaces de atraerlos para que sean educadores y luego retenerlos, que luego no salgan a ser técnicos, supervisores.

Entonces yo creo que el principal reto es elevar las competencias de los docentes, porque un docente bien formado, con materiales más o menos sofisticados, si su formación es buena, si su compromiso es alto, va a poder lograrlo. Ahí se cierra el círculo.

Era necesario ampliar la cantidad de escuelas disponibles, porque el acceso es fundamental, pero el aprendizaje sucede en el aula, los materiales son importantes, la formación de los docentes es vital.

Las autoridades ahí tienen un reto también, de requerimiento de ingreso. Pero también la verdad es que es un sistema complejo, porque cuando tú tienes una demanda muy gran de de estudiantes ingresando a las aulas, entonces parece no ponerse tan selectivo, entonces hay que hacer un trabajo fuerte de atraer los mejores bachilleres, para una nueva generación de mejores docentes, porque tampoco se hace al vapor, en educación los cambios son muy lentos, son muy intangibles, hay que ver a mediano y largo plazo.

Podemos construir aulas en un año, pero solamente eso, y yo creo que están conscientes las autoridades de que es necesario trabajar con los docentes y hay planes para ellos, con los docentes existentes. Yo diría que hay que ponerle atención a los próximos que cada año ingresen a las universidades y a las escuelas de educación a los jóvenes más talentosos, esos que ganan olimpíadas, que esos sean los que quieran educar.

Los dispositivos electrónicos, que tanto cambian el proceso enseñanza aprendizaje, la tecnología, pueden ser aliados de la educación si así lo concebimos y puede ser una distracción, si no lo sabemos manejar.

Nosotros aquí tenemos, por ejemplo, un Decanato de Innovación Educativa, con una unidad de tecnologías educativas, que precisamente se encarga de desmitificar, de ver cómo hacer del celular un aliado en la clase. La primera impresión de todo el mundo es: guarde el celular, y de repente tú tienes profesores innovadores que tienen un programa donde a través de un celular pueden ir repitiendo un quiz, puede ser un aliado, que implica formación y para muchos docentes hay una brecha que hay que romper.

Es un reto fuerte, porque es una relación de nativos digitales, migrantes digitales y otros que ni siquiera se han movido.

Sí, sin embargo, nosotros realizados cada año una jornada de renovación educativa, donde los profesores que durante el año han estado haciendo innovaciones. Nos sorprendemos y nos alegramos muchísimo cuando vemos a uno de los profesores que tienen más tiempo en el sistema manejando la tecnología con un entusiasmo, que eso los ha reenganchado.

Los estudiantes, evidentemente, la manejan muy natural, mi hijo cree que todo es touch y no lo concibe de otra manera, pero implica también formarse, identificar cuáles son las tecnologías más apropiadas.

Definitivamente revoluciona; cuando tú tienes la oportunidad de tener un laboratorio digital, cuando tienes la capacidad de acceder en minutos a bases de datos en cualquier parte de mundo, de acceder a bibliotecas digitales, se abre un mundo, ya lo que pasa en aula es parte del proceso, pero la formación empieza y continúa después que se acaba la hora de clase.

¿A propósito, cómo prefiere estudiar, en la biblioteca o en la casa?

En la casa. Mi amiga, la directora de la biblioteca, yo la adoro, pero la verdad es que ahora, con la tecnología, que tú puedes acceder a tener todos los artículos ahí sin tener que ir a sacarles copia a cada uno, de las revistas, pero definitivamente hay una etapa para todo.

Mientras uno está formándose, los grupos de estudio, también en la misma biblioteca, son fundamentales y está muy claro: es el ambiente idóneo para producir, tú te concentras y tú vas a cualquier hora a nuestra biblioteca y está activa siempre, siempre con grupos de estudiantes.

Es un espacio que en la formación hay que asegurar que se recuerde que está y que tiene que cumplir un rol importante.

¿Cómo visualiza la sociedad dominicana dentro de 10 años con esta preeminencia que hay del sexo femenino en las aulas?

Bueno, las mujeres están ocupando cada vez posiciones más importantes, yo creo que es un reconocimiento a mucha entrega y a mucho compromiso y también .

Yo creo que la generación que sube es una generación muy inquieta pero también muy comprometida, vemos cómo hay mayor sensibilidad, temas que mueven más y conglomeran, porque hace unos años se decía que está muy ajena, que nada le importa; sin embargo, tú ves que temas ambientales, temas educativos, concitan la atención, el interés y el compromiso.

Yo creo que hay un futuro positivo de que quieren llenar espacios, yo creo que se están viendo unos cambios en el sector público y el sector privado, una nueva generación que está tratando de hacerse espacio, y yo creo que eso tendrá un espacio positivo en  cómo sigue evolucionando nuestro modelo de sociedad.

Cuando no tiene que ser muy relacionado con el trabajo ¿Qué lee Odile Camilo?

Yo leo de todo, a mí me encantan los autores latinoamericanos, a veces trato de romper con lo conocido, pero literatura, aquí estoy rodeada de mucho tecnicismo, mucha educación, entonces las novelas me relajan bastante.

Y qué música escucha?

En eso yo soy medio vieja, oigo a Joaquín Sabina, la nueva trova, pero tengo un hijo que me mantiene al día con lo que se escucha.

¿Cuando estudia o lee, lo hace con música?

No, silencio absoluto. No llego ahí todavía, yo no llego de tener un audífono y un libro, yo tengo un solo canal en ese sentido, (en cambio) aquí en la universidad puedo tener cuatro simultáneos.

¿Algún otro tipo de deleite, deporte, arte?

No, absolutamente no soy artista.

Pero sí me he metido en la onda de correr y lo estoy disfrutando, jamás en la vida me imaginé que yo iba a poner un pie delante del otro, pero en eso estamos… y compartir con mis hijos y mi familia, ese para mí es el deleite.

Tengo dos chicos, dos varones, uno cumple 11 mañana y otro de seis años, lo que sea con ellos y con mi esposo, esa es mi mayor felicidad.

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