“Soy la Sierra de Bahoruco”, un grito del agua en Semana Santa a la conciencia de dominicanos y haitianos

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SANTO DOMINGO (RD).-“Algunos humanos se dieron cuenta que si cultivan cortando mis bosques nublados pueden robarle también el agua a las nubes”.

La misma Sierra de Bahoruco grita, a través de un corto en el que sus cadenas montañosas toman prestada la voz de la periodista Altagracia Salazar, para recordarnos el contexto en el que unos productores agrícolas, revestidos de poder político y dinero, destruyen sus áreas más sensibles para la preservación del agua de República Dominicana y Haití.

“… así pueden producir mucho más que otros con poco dinero

…esto lo hacen aunque sin mis bosques el suelo se le va a ir con las lluvias

y solo quedarán mis rocas donde nada podrá crecer…”

La misma sierra advierte que sin bosques sus aguas no se filtrarán en el subsuelo y sus deslizamientos repentinos provocarán inundaciones y harán más graves las épocas de sequía.

Decidió hablar en momentos en que el agro empresario Ángel Estévez (solo citar su nombre es una afrenta cuando hablan montañas apuñaladas), ministro de Medio Ambiente de la gestión de Danilo Medina, se empeña en promover la siembra de aguacate con la idea de que “produce agua”, de que no se trata de un monocultivo que demanda más agua que la que aporta a los ecosistemas a los que va secando…

Además de la periodista Altagracia Salazar, la sierra se apoya en el Grupo Jaragua y SOS Ambiente RD, que hicieron posible el corto con texto de la bióloga Yolanda León y la edición de Marvin del Cid.

Las imágenes son de Yolanda León, Marvin del Cid, Héctor Vilorio, Pedro Genaro, Eladio Fernández y Miguel Landestoy.

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En fin, la Sierra de Bahoruco habló en Semana Santa. Los ambientalistas no han podido despertar la conciencia de ninguna autoridad, quizá ahora las montañas lo hagan. Al menos despertarán la conciencia de los pueblos que deben defender la sierra como un patrimonio para garantizar la sostenibilidad de las generaciones futuras.

“Soy la Sierra de Bahoruco

vivo en la isla de Quisqueya

cabalgando la frontera sur entre República Dominicana y Haití.

Tengo algunas de las montañas más altas del Caribe.

Serví de refugio al primer rebelde de América, Enriquillo;

Y hoy también protejo a cientos de especies únicas en el mundo.

En mis bosques nublados cosecho el agua de las nubes que me acarician todos los días

Ellas vienen después del mediodía

cuando el mar Caribe ha regalado al aire un poco de su humedad”.

Recuerda que “toda el agua que recojo se la regalo poco a poco a dos naciones…” y que si siguen destruyéndola, como hasta ahora, “mi agua no será suficiente para la sed de mi gente”.

 

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