Debemos buscarle el carácter humano a la batalla con la virtualidad

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Jean Luis Luna

Para Jean Luis Luna, estudiante de Comunicación en la O&M, al sortear las dificultades de las clases en línea no se puede perder de vista que lo más importante es el ser humano de cara al conocimiento.

SANTO DOMINGO (RD).- Al sacar provecho a las múltiples ventajas y lidiar con las incómodas complicaciones de la virtualidad, profesores, alumnos y centros de educación superior deben evitar distraerse de lo esencial en esta nueva modalidad de docencia, que es el ser humano en contacto con los conocimientos, razona Jean Luis Luna, estudiante de Comunicación Social.

Para Luna, quien cursa el octavo semestre de Comunicación en la Universidad Dominicana O&M, se amerita planificación para la eficiencia, diligencia frente a los imprevistos y flexibilidad ante las dificultades.

“Yo entiendo que en estas clases virtuales, lo importante es darle el carácter humano y quitarle su aspecto robótico”, expuso Luna, quien junto a otros tres futuros profesionales participó en el conversatorio en línea Virtualidad en La Uni, organizado por el portal de temas educativos launi.com.do.

Narra que el pasado semestre, cuando las universidades se vieron conminadas a ofrecer clases en línea debido al aislamiento físico que dictaba la emergencia por el COVID-19, el estudiando sintió que el sistema educativo retrocedía, pues jóvenes que nunca habían reprobado una asignatura terminaron perdiéndola o retirándola.

Hubo maestros, cuenta, que desde el inicio del semestre se mostraron ausentes en las clases y tardaron semanas en dar a conocer sus contenidos y planes de estudios para el período. El también diseñador gráfico reconoce que para muchos docentes resultó difícil la adaptación a la tecnología y que incluso debieron ser asistidos por algunos alumnos o mesas de ayuda de sus instituciones.

El comunicador en formación entiende que estas situaciones demandan una actitud proactiva. Si la plataforma convenida no funciona, el maestro debe contactar al grupo por las vías que tenga a su alcance, ya sea por correo, por whats app. La idea es que la falta de comunicación no dicte el fracaso de la asignatura.

No obstante, también los más jóvenes encontraron trabas para el acceso a los contenidos preparados para el semestre, sobre todo en la O&M, con una matrícula en la que predominan personas con recursos limitados.

“El estudiantado de O&M reside en el interior del país; es decir, que vive en lugares recónditos donde el acceso al internet no es el mismo; esto no es para dar excusas, pero al momento de conectarse a internet, es un elemento que pesa. Aquí es donde suceden que esas situaciones que no pueden entrar a Zoom, no pueden entrar a la plataforma de la universidad y ese tipo de incidentes”, comenta.

Finalmente, Luna invita a los estudiantes universitarios a dejar de enfocarse en las calificaciones, en la obsesión por obtener A y B, y fijarse en lo trascendente, que es la obtención de los conocimientos, y resalta que para ello los métodos y fuentes son diversos.

“Que nos esforcemos por adquirir el conocimiento per sé, porque ahora en nuestra condición de estudiantes, quienes nos califican son los profesores, pero en un futuro no muy lejano, como profesionales, quien lo hará será la calle, y en esa ocasión no habrá A, B, C o D, habrá dos opciones: sí o no”.

Junto a Jean Luis Luna, expusieron sus experiencias Jonathan Tavera Pérez, estudiante de término de Medicina, de la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA); Lisanna Santiago Batista, de Ingeniería Mecatrónica en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec), y Oniela Muñoz, de Medicina en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

El análisis y las orientaciones para que profesores y estudiantes saquen mayor provecho a la virtualidad para el proceso de aprendizaje estuvieron a cargo de la docente Ana Bélgica Güichardo, profesora de Comunicación de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).

Para organizar el panel, el equipo de redacción de La Uni tuvo en cuenta que a cinco meses del inicio de la crisis sanitaria, las universidades y todo el sistema de educación superior deben colocarse en un nivel de planificación y eficiencia que trascienda la respuesta inicial a la emergencia y cree condiciones propicias para el aprendizaje en medio de los retos que presenta la virtualidad.

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