Las clases virtuales, particularmente desafiantes para estudiantes de Medicina

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Jonathan Tavera Pérez

Jonathan Tavera Pérez, de UTESA, perfila un complejo panorama en el que hay que lidiar con las dificultades de la docencia en línea y mantenerse al día con los descubrimientos en torno a una enfermedad que trae al mundo de cabeza.

 

SANTO DOMINGO (RD).- Las dificultades para continuar con la docencia universitaria, provocadas por la enfermedad COVID-19, han afectado de manera particular al estudiantado de Medicina, pues no solo se enfrenta a las complicaciones propias de una virtualidad improvisada, sino que además ha perdido el acceso a sus centros de entrenamiento por excelencia: los hospitales.

Es el testimonio de Johathan Ebenezer Tavera Pérez, estudiante de término en la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA).

“Como estudiantes de Medicina, en principio tuvimos que abandonar los hospitales, ya que el país, como en cualquier lugar, no estaba preparado para recibir esto”, comenta el galeno en formación, en referencia a la vulnerabilidad que representaba la presencia de miles de estudiantes en los centros médicos, en momentos en que la afección por coronavirus se propagaba de más en más en el país.

En República Dominicana, 28 mil personas estudian la carrera de Medicina y se elevan a 77 mil cuando se suman todas las ramas de ciencias de la salud, según datos de 2017. Las prácticas e internados en centros hospitalarios son parte esencial en los programas formativos de estas áreas.

El candidato a doctor en Medicina, pendiente de graduación, expuso sus vivencias y puntos de vista junto a otros tres estudiantes en el conversatorio en línea Virtualidad en La Uni, organizado por el portal de temas educativos launi.com.do.

Cuando en marzo pasado todas las universidades debieron entrar de emergencia a impartir clases virtuales, muchos profesores no estaban preparados para las plataformas de conferencia en línea, por lo que los estudiantes, además de ponerse al día con estos recursos tecnológicos, debieron ayudar a los docentes a familiarizarse.

“Tuvimos que ayudar a algunos profesores que no manejaban este tipo de plataformas porque no estaban actualizados, y esto hacía que las clases se demoraran media hora y 45 minutos y hubo sesiones que hubo que cancelarlas”, comenta Jonathan, quien trabaja para el hospital Juan XXIII en Santiago de los Caballeros.

Ha sido una etapa retadora para todos, pero los estudiantes de Ciencias de la Salud encaran el desafío de actualizarse sobre una enfermedad que está en desarrollo, de la que todavía la sociedad científica enfrenta muchas incertidumbres.

“Esto nos llevó a nosotros como estudiantes de Medicina a leer mucho más porque a diario se generan múltiples informaciones, con cientos y cientos de artículos sobre las enfermedades, pero sobre todo sobre el COVID-19; eso hace que estemos en constante formación y actualización”.

Entre sus respuestas al cambio brusco de escenario Jonathan se matriculó en un curso en línea, con un centro mexicano y a menudo se conecta a plataformas formativas y científicas. Pero el estudiante de término entiende que en el país hace falta mayor conciencia sobre las plataformas tecnológicas y su utilidad, debido a que no se trata solo de acceso y mostrar dominio de ellas, sino de emplearlas para la lectura y la información útil y confiable.

Junto a Jonathan Tavera Pérez, expusieron sus experiencias Jean Luis Luna, de la carrera de Comunicación de la O&M; Oniela Francheska Muñoz, de Medicina de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), y Lisanna Santiago Batista, de Ingeniería Mecatrónica en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec).

El análisis y las orientaciones para que profesores y estudiantes saquen mayor provecho a la virtualidad para el proceso de aprendizaje estuvieron a cargo de la docente Ana Bélgica Güichardo, profesora de Comunicación de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).

Para organizar el panel, el equipo de redacción de La Uni tuvo en cuenta que a cinco meses del inicio de la crisis sanitaria, las universidades y todo el sistema de educación superior deben colocarse en un nivel de planificación y eficiencia que trascienda la respuesta inicial a la emergencia y cree condiciones propicias para el aprendizaje en medio de los retos que presenta la virtualidad.

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